El Mundial es Historias: 11. “Si Dios tiene preparado algo para mí, me lo tiene que dar ahora”



(En breve será publicado el análisis apenas terminado el partido, en TyC Sports)

En pocas ciudades en el mundo está tan incorporado el gen revolucionario como en San Petersburgo. En 1825 un grupo de oficiales se levantó contra el zar, en 1905 se movilizaron los trabajadores aunque la brutal represión dejó grabado el rótulo de “Domingo sangriento”, una huelga en febrero de 1917 resultó el germen de la Revolución Roja y de allí fue el Soviet de Trabajadores desde donde se armó el triunfo bolchevique.
En la ciudad de la revolución, la selección llevó a cabo el plan consensuado. El técnico escuchó a los jugadores para el esquema y un par de puestos puntuales. En la ex Leningrado, salieron al terreno los líderes. La vieja guardia dominó la formación. No por imposición sino por decantación: el momento, la obligación de la victoria para evitar el fracaso de la eliminación en primera ronda, necesitaba jugadores experimentados, curtidos.
Argentina y Nigeria están imantados en los mundiales. El sorteo los cruzó en fase de grupos por quinta vez en las últimas siete ediciones. Antes de cada una de ellas, creímos lo mismo: al talento y a la velocidad innata, los técnicos europeos les agregaron orden táctico y mayor disciplina. Como dos paralelas que nunca se juntan, por lo menos en Nigeria lo segundo no llega a alcanzar a lo primero.
Juan Sasturain cree que “el viejo fútbol tiene un maravilloso futuro negro. Los poderosos negros que se vienen tienen todo por hacer y conquistar: tienen hambre, saludable hambre (que es necesidad más actitud) y potencial. El futuro es suyo. Por suerte”. Así lo escribió en La patria transpirada, su gran recorrido de la selección por los mundiales. El futuro no llegó: las cinco selecciones africanas quedaron eliminadas en primera ronda. En el caso de Nigeria, a 4 minutos del final. Que sin el gol hubiede sido el final de Argentina en el Mundial.
La selección que reúne una de las mejores generaciones de jugadores de la historia del fútbol argentino volvió a quedar retratada por lo emotivo antes que por el juego. Cuando los de más nombre no podían levantar los centros al área, Gabriel Mercado mandó el de su vida. Cuando el goleador de la Juventus no podía y el del Manchester City no había tenido ni una chance, Marcos Rojo hizo el de su vida. “Si Dios tiene preparado algo para mí, me lo tiene que dar ahora”, le había dicho a la madre el día anterior.
Francia esperaba en octavos de final.