El Mundial es Historias: 12. “La herida de la generación mexicana”



El calendario azteca en esta era tiene cuatro días. Después vuelve a empezar. Nunca queda vacío, no saltea ninguna edición. El problema es que no se llena, son ediciones angostas. Cuatro días, cuatro páginas: tres de fase de grupo y la de octavos de final. Para el seleccionado mexicano, los cuartos son el horizonte que nunca se alcanza. La imposibilidad del quinto partido es el desencanto nacional.
Sólo en los dos mundiales que organizó, 1970 y el del 86, México llegó a la luego utópica línea de cuartos de final. No se clasificó a Italia 90. Y desde entonces, como un veto del destino, un destino que entusiasma pero se repite frustrante, fue uno de los tres seleccionados que siempre llegaron a octavos (junto a Brasil y Alemania). Y el único que nunca pasó esa línea en estas casi tres décadas.
Una vez más, México llegó a octavos. Lo extraordinario es que no lo acompañó Alemania, al que venció de entrada cuando el rey empezó a entregar la corona.
Los penales de Bulgaria en el 94. Klinsmann y Bierhoff en el 98. El peor rival en el 2002: el Imperio del Norte, que por una vez no era más poderoso. La volea de Maxi Rodríguez (¡y de zurda!) en el 2006. Tevez gracias al juez de línea primero y a su pegada después en el 2010. El colmo en el 2014: de 1-0 a Holanda en el minuto 87 a 1-2 en el cuarto de descuento. Seis veces la frustración, dos en los diez minutos finales y otras dos después del tiempo reglamentario.
El quinto partido está lleno de acepciones en México. Se trata de parte del vocabulario futbolero. Es una obsesión popular. “El equivalente futbolístico de la reconquista de Texas”, según Juan Villoro. La búsqueda como motor y la decepción como parálisis. La herida de una generación. El nombre de un libro de cuentos futboleros que escribieron el periodista César Huerta y su padre (“se llama así porque los cuentos van de lo claro a lo oscuro. El Quinto Partido encierra la polaridad de la grandeza de nuestros sueños y la profundidad de nuestras frustraciones”). También el de un portal de noticias. Hasta el del sorteo de la cerveza Corona, que regalaba tres viajes a Rusia con entrada a los confiados que quisieran ir al partido de cuartos.
Villoro considera que “tenemos tantos deseos de lograrlo que nos boicoteamos. La mayor adversidad es nuestra propia fuerza: un sentimiento de culpa atávico nos hace sentir que no merecemos ese poderío. En el pasado Mundial, México dominó a Holanda con absoluta jerarquía. ¿Qué sucedió cuando se puso 1-0 al frente? El entrenador sacó al jugador que cometió el pecado de anotar, todo el mundo se amedrentó ante la posibilidad del triunfo y el equipo se refugió en su área como en una versión ajardinada del útero materno. ¿Y qué sucede cuando juegas en tu propia área? Te pueden pasar muchas cosas, entre ellas que te marquen un penal inexistente. El deseo oculto de los jugadores es no pasar al quinto partido porque eso los haría excepcionales y los desmarcaría de la tribu a la que no quieren dejar de pertenecer. Mientras no se venza ese complejo, seguiremos anhelando lo que en el fondo no queremos obtener”.
César Huerta apuesta a los nuevos: “La evolución de esta generación es la que alimenta la ilusión del quinto partido. Es el mayor trauma futbolero de México. Lo soñamos cada cuatro años, pero el camino termina siempre un paso antes. Es un concepto que nos refleja como sociedad: podemos luchar la mayor parte del tiempo por separado, pero ante la frustración, siempre terminamos unidos. Hubo episodios de unidad: el ‘No era penal’ nos acompaña como pueblo desde que Robben cayó en el área y México quedó fuera en 2014”.
A partir de la exhibición de Brasil en México 70, los futboleros mexicanos son un poco brasileños. Dos seleccionados hicieron base en Guadalajara en aquel Mundial: el de Pelé y compañía, ya expertos en carisma y con fútbol como para seducir, y también Inglaterra, de quienes hasta recuerdan que llevaron agua de su país para no tomar el agua mexicana. Desde entonces, la verdeamarelha reemplaza a la verde cuando ésta queda afuera.
Pese a que tenía todo dado para terminar primero, perdió 3-0 ante Suecia. El segundo gol fue un penal mal cobrado y el tercero, en contra. El destino y el autoboicot.
Así, el rival para buscar el bendito quinto partido será Brasil, el amigo fachero del que se enamora la que nos gusta.