El Mundial es Historias: 13. “Los ingleses, mal que les pesara, se habían portado mejor”



Japón razonó que la manera más fácil de clasificarse era no atacar. Inglaterra programó que el mejor resultado que podía obtener era la derrota.
Ninguno podía pactar con su rival: Japón no quería atacar porque su miedo era que Polonia lo contraatacara, Inglaterra prefería perder pero Bélgica probablemente también (hasta que vimos que no).
Japón estaba igualado en puntos, diferencia de gol y goles a favor con Senegal, contra el que había empatado 2-2, cuarto método de desempate posible para el segundo lugar del grupo. Inglaterra estaba igualado en puntos, diferencia de gol y goles a favor con Bélgica, contra el que empataba 0-0 en la (no) lucha por el primer puesto.
Con los resultados así, 0-1 el suyo y 0-1 Senegal ante Colombia, Japón se metía en octavos de final. La razón era el quinto inciso para destrabar la igualdad: el Fair Play, las tarjetas, el único argumento de la FIFA antes de llegar al sorteo, la moneda al aire.
Inglaterra y Bélgica ya estaban clasificados. El que perdiera, quedaría segundo, y en ese caso evitaría hipotéticos cruces frente a Argentina, Francia, Uruguay, Portugal, Brasil y México hasta la final. El empate provocaba que también definieran las tarjetas. Y los ingleses, mal que les pesara, se habían portado mejor.

Desde siempre y más que nunca, el mestizaje condimenta al Mundial. De los 736 jugadores elegidos por las 32 selecciones, 82 nacieron en un país distinto al que representaron. A partir de la posibilidad de obtener más de una nacionalidad, los futbolistas se debaten muchas veces entre la identidad y la conveniencia deportiva.
Adnan Januzaj nació en Bélgica. Su padre había llegado a Bruselas desde Albania, en medio de la guerra por el territorio de Kosovo, del cual no quiso participar; ya tenía demasiado con el sufrimiento por la militancia de algunos familiares.
Serbia y Turquía habían reparado que podrían sumar a Januzaj a su selección, debido a la procedencia de sus abuelos. Casualmente también Inglaterra, donde se radicó cuando tenía 16 años y lo fichó el Manchester United.
El cariño de Adnan por la causa albano-kosovar no resultó suficiente. Decidió competir para Bélgica, más allá de estar tapado por una gran generación de futbolistas. La inclusión de habituales suplentes lo llevó a la cancha contra Inglaterra, y su gran pegada marcó el único gol de la noche.
Si los británicos quisieron empatarlo luego, lo disimularon. Ingresó un delantero por un defensor: para que no se notara. Harry Kane, autor de 5 goles en los dos partidos anteriores, transpiró porque trotó a un costado.
Bélgica ganó y terminó primero. Inglaterra perdió y a su manera ganó.

El hombre clave de la clasificación japonesa fue el italiano Gianluca Rocchi. Cuando se jugaba el tiempo de descuento en Japón 2-Senegal 2, Rocchi exageró con las amonestaciones a Cheikh Ndoye y Youssouf Sabaly. Nadie protestó airadamente en ese momento, nadie podía imaginar cuánto definirían esas dos amarillas.
Igualados en todos los otros números, Japón acumulaba dos amonestaciones menos que Senegal. Entonces, los asiáticos pasaron a dormir el juego en los últimos 10 minutos, a llenarlo de pases sin contenido ni compromiso. La paciencia oriental impacientó al público en Volgogrado.
El Fair Play clasificaba a Japón. Jugar limpio en el fútbol puede ser no jugar.
El técnico Akira Nishino confió más en la debilidad de Senegal para no convertir que en la fortaleza de los suyos para sí hacerlo. Descartó el intento de cambiar su resultado mientras imaginó que en otro estadio seguiría igual. Un empate de los africanos frente a Colombia hubiese expuesto su planteo; lo hubiese condenado a él, que había reemplazado al bosnio Vahid Halilhodzic dos meses antes.
A Halilhodzic, que le inició juicio a la Federación Japonesa, lo habían echado “por defensivo”. Nishino prometió cambiar. Hasta que hizo cuentas.