El Mundial es Historias: 21. “Le dijo a la madre que me sacaría el puesto y le compraría una casa”



De los treinta y seis futbolistas que el viernes 6 de julio se supieron en semifinales, sólo dos saben hablar en castellano: Antoine Griezmann, francés nacido en la región de Borgoña, y Romelu Lukaku, belga oriundo de Amberes con padre congoleño. El Mundial se convirtió en una Eurocopa.
Griezmann habla el idioma porque se lo enseñaron, paradójicamente, amigos uruguayos. Por ellos, “que me ayudaron mucho en el fútbol”, desde el técnico Martín Lasarte que lo hizo debutar y el delantero Carlos Bueno hasta sus actuales compañeros Diego Godín y José María Giménez, no festejó su gol.
Luis Suárez puso un freno: “No es uruguayo, es francés y nos hizo un gol”. Dos días antes, Suárez también había dicho que Griezmann no puede sentir como uruguayo porque no sabe lo que es hacerse de abajo: “No sabe de entrega y esfuerzo”. El mate se comparte, pero la necesidad no se globaliza.
Lukaku habla en castellano porque lo estudió, apenas después de su adolescencia, para estar preparado si alguna vez lo adquiere un club español. Así se lo contó a Nicolás Frutos, el ex delantero argentino que coincidió, en el final de sus cuatro años exitosos en el Anderlecht de Bélgica, con el inicio profesional de Romelu.
The players’ tribune sirve, quedó dicho, para conocer la otra cara de los deportistas. También para conmover. Allí Lukaku relató que haber visto cómo su madre mezclaba leche y agua le permitió dimensionar la pobreza. Y le funcionó como un estímulo. Hoy no tiene problemas en decir que su meta es ser el mejor futbolista de la historia de su país.
Frutos le conoció enseguida esa mentalidad: “Lo subieron al plantel cuando tenía 16 años. Estaba marcado que llegaría a ser lo que es. Tiempo después vi una entrevista que le hicieron a la mamá, en la que contó que Romelu le había pedido que no se preocupara por lo económico, que en un año me iba a sacar el puesto a mí y entonces le compraría una casa a ella”.
“En el club me dijeron que hable con usted para saber de qué se trata ser profesional”, fue lo primero que le dijo el 9 que llegaba para hacer historia al 9 que estaba por retirarse por las lesiones.
Por entonces el fútbol belga había cambiado. Frutos, especializado en administración deportiva en el alto nivel, ya lo veía: “Los fracasos en torneos de selecciones los llevaron a mejorar. Mejoraron tremendamente la formación de sus jugadores. El Gobierno acompañó al reducir las facilidades impositivas a los extranjeros, lo que hacía que la liga estuviera plagada de refuerzos; el Waasland-Beveren, por ejemplo, tenía 14 jugadores de Costa de Marfil. El Anderlecht obligaba a marcar con tres atrás en sus divisiones juveniles para hacerle difícil el aprendizaje a sus defensores. Todos tuvieron un plan”.
La primera generación de jugadores bien formados llevó a Bélgica a una semifinal mundialista después de 32 años. Brasil tiene poco para reprocharse. Perdió en uno de los mejores partidos de la Copa contra un seleccionado de menor historia, es cierto, pero al que el futuro, queda claro, ya le llegó.

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