El Mundial es Historias: 22. “En el fútbol, a los detalles los ordena la lógica”



Demasiado trabajo había costado como para que no fuera comercializada. Así fue como el escultor ucraniano Zurab Tsereteli hizo los suficientes cambios en su obra como para que se la aceptaran. Ya no la vendería en la exposición Sevilla por los 500 años de la conquista de América sino en Moscú por el 850º aniversario de la capital rusa. Ya no sería Cristóbal Colón el homenajeado sino, retoques en la estatua de 96 metros mediante, el zar Pedro el Grande, quien gobernó Rusia entre 1682 y 1725.
Donde debía haber un español, quedó un ruso. Como en los cuartos de final del Mundial.
A Croacia le sobran futbolistas que son titulares en los clubes más importantes del mundo. Rusia necesitaría por lo menos uno.
Así juegan. Croacia trata de juntarse, de avanzar en bloque. Rusia ataca el espacio. No en homenaje a Yuri Gagarin sino como una manera de potenciar sus características (o disimularlas). Recupera y dispara, sin ingenio, sin anuncio tampoco, simulando el lanzamiento de cohetes, que en la Unión Soviética no estaba acompañado de la cuenta regresiva típica de la NASA. Cuando puede contraatacar, genera un griterío creciente similar al de las pruebas de velocidad en el atletismo.
La noche de Sochi del sábado 7 de julio generó emociones variadas. Ganaba Rusia y pasó a ganar Croacia. Hasta que los penales, los mismos por los que ambas selecciones habían pasado octavos, dieron ganadores a los balcánicos.
Hay un tercer futbolista en semifinales que habla en español: Ivan Rakitic, casado con una sevillana, de la que se le pegó el acento andaluz. La madre de esa sevillana le había mandado a Rakitic una foto de su perro cuando erró un penal contra el Levante en el 2014. Una suegra experta en salar heridas: al volante todavía le dolía el fallado frente a Turquía que valió la eliminación en la Eurocopa 2008. Rakitic tuvo revancha. Convirtió los de las definiciones frente a daneses y rusos. Como hace 20 años, Croacia quedó entre los cuatro mejores.

Cada uno apuesta a ganar como quiere y como cree que puede. Y el fútbol es siempre relativo.
Mientras a Rusia no le interesaba la pelota y Croacia la usaba para ordenarse, la victoria llegó por penales.
Inglaterra juega por abajo (en realidad lo intenta y lo logra de a ratos) pero gana por arriba. Suecia, sin momento de creatividad alguno, hizo lucir al arquero inglés antes de quedar eliminado.
Uruguay tuvo actitud y le faltó cerebro. Francia demostró ser superior. Sin embargo le ganó por una pelota parada y un error del arquero uruguayo.
Bélgica salió a la cancha con un esquema original: Lukaku por la derecha a espaldas de Marcelo, De Bruyne por el centro del ataque, tres delanteros para contraatacar mano a mano a los tres defensores brasileños que quedaban. Luego trascendió que el esquema no había tenido pruebas para no dar pistas; qué cerca estuvimos, entonces, de asegurar que el técnico Roberto Martínez había improvisado.
El fútbol europeo se distanció del sudamericano. Ya eran superiores en lo físico, ahora se les nota la evolución técnica. Aun así, Argentina pudo haberle empatado 4-4 en la última a Francia, Perú le hizo un partido parejo y Colombia llevó a penales a Inglaterra.
En todo caso, el fútbol puede definirse por detalles. Pero al final, a esos detalles los ordena la lógica. El azar juega. En este Mundial, los que eran mejores necesitaron de suerte para demostrarlo en el resultado. Otros, Argentina especialmente, sólo dependían de la fortuna.

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