El Mundial es Historias: 23. “¿Cuántos goles le importan al lado de esos tres que erró?”



Floyd Patterson pegó la mejor piña de la historia del boxeo. Algún especialista podrá contarla con detalle, pero lo que la hizo distinta fue el envión de abajo hacia arriba, afirmado en la pierna izquierda, para terminar en un gancho de zurda a la altura de la mandíbula de Ingemar Johansson. Merecía una crónica por parte de uno de los más notables escritores de crónicas deportivas: Gay Talese.
Y Talese la escribió. Aunque el título define la sorpresa de su prosa y sus enfoques: El perdedor. Es que a Talese siempre le importaron “los rincones, las sombras”.
Después de la cima, viene el abismo. En el deporte, a la gran victoria puede seguirle la gran derrota. Y Patterson se sintió humillado cuando tres años después (1962), perdió el título mundial frente a Sonny Liston. Empezó a vivir con barba y bigote postizos. Se exilió a Madrid. “Al cabo de una semana, comencé a pensar que era otra persona”, le dijo Patterson a Talese.
Cuando en el 2016 la selección argentina perdió la tercera final consecutiva, Gonzalo Higuaín no sólo hubiese resignado infinidad de victorias a cambio de ese partido. Hubiese querido ser otra persona.
¿Cuántas cosas pudo haber pensado en esa carrera hacia el arco chileno? ¿Cuántas posibles definiciones se le habrán ocurrido? Decidió la opción correcta, pero el arquero chileno Claudio Bravo lo esperó y se la hizo difícil. Terminó cruzándola demasiado.
Mientras jugaba, no sabía lo que estaba pasando en Buenos Aires: a su mamá la estaban operando por un maldito cáncer. Pensó en no jugar más; por lo menos mientras durara el tratamiento. Fue ella quien le pidió que no parara.
Un año antes, no había llegado a tocar al gol un pase de Ezequiel Lavezzi en la última jugada de los 90 minutos en la final de la Copa América y había elevado demasiado su penal en la posterior definición.
Dos años antes, había pifiado una inmejorable chance de gol en el primer tiempo de la final en el Mundial contra Alemania.
De los 280 goles que hizo en su vida en clubes, ¿cuántos le importan al lado de esos tres que erró? Y los 31 que hizo para la selección, ¿sirven teniendo en cuenta los que no?
Apenas asumió, Jorge Sampaoli lo había visto fuera de forma física y condicionado en lo anímico. Llegó a decir que habían acordado que no fuera citado hasta que se calmara el clamor popular negativo. Higuaín, en realidad, no acordó nada. Y cuando volvió a la selección, para lo que el técnico consideró el deseo del plantel, bromeó por lo bajo entre compañeros: “Salió bien la estrategia…”.
En el amistoso en Madrid contra España, otra vez pasó por aquel sentimiento. Revivió el karma de goles errados ya no sólo en finales sino simplemente en un amistoso de gran expectativa y repercusión. Otra vez él y el arquero, ahora en una jugada rápida, sin tiempo para que la mente pudiera cruzar datos al momento de la definición. Otra vez un posible 1-0, el gol que los equipos necesitan de los goleadores. Otra vez desviado. Imposible que, otra vez, los pensamientos no acecharan: deambuló el resto del partido.
Hasta contra Haití, un amistoso en el que poco importaba el resultado, le pegó al palo cuando erró su segunda oportunidad; se sentó en el banco, reemplazado, y se le escuchó “qué sal, la puta madre”. Necesitaba un festejo hasta en esa instancia.
Al Mundial llegó reseteado. En los esfuerzos de los futbolistas que no se ven, viajó desde Italia a la preparación en Buenos Aires dos días después de que naciera su primer hijo. En mejor forma que Sergio Agüero, por la reciente operación de rodilla del Kun pero sobre todo por su ánimo de revancha, igualmente arrancó como suplente. Fue titular el día de la formación consensuada entre jugadores y técnico, contra Nigeria. El día de la eliminación, directamente no jugó ni un minuto. Pese a los dos nueves del plantel, Sampaoli optó por el falso.
“Ganar y perder están más cerca de lo que parece, caer de un lado o del otro depende de cosas minúsculas”, dijo Guy Talese. Y así lo pensó también Woody Allen. En el arranque de su película Match Point, mientras no se sabe si la pelota de tenis va a pasar la red luego de rebotar en el fleje, la voz en off dice: “El hombre que dijo que prefiere la suerte sobre la bondad vio la vida a profundidad. A la gente le da miedo saber que gran parte de su vida depende de la suerte. Da miedo saber cuántas cosas tenemos fuera de control. Hay veces que en un partido la bola cae en lo alto de la red y durante una fracción de segundo, puede caer de un lado o de otro. Con un poco de suerte, pasa la red y ganas; o cae de tu lado, y pierdes”.
La pelota quedó del lado de Gonzalo Higuaín, el ganador, que con la camiseta de la selección, se convirtió cruelmente en el perdedor.

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